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Boletín
N° 4 Correspondiente al mes Diciembre del Año 2008
LA
INFANCIA EMPASTILLADA
Lic.
María Teresa Lodieu
A
partir de la década del 50 una nueva mirada se dirige hacia la Medicina. Diversas
disciplinas estudian la relación Medicina-Sociedad. La Antropología
investiga las enfermedades en las distintas culturas, observa
que cada cultura puede designar como normal o patológico entidades
diferentes. La Sociología se interesa por la función o el
rol que cumplen las enfermedades en la sociedad; analiza el proceso de
construcción social de las
enfermedades. La Medicina Social imbuida de todos estos
conocimientos encuentra diferencias en la morbilidad y mortalidad existentes
entre los diferentes sectores sociales. La confluencia de todos aportes
disciplinarios permite concluir que la salud o la enfermedad no son entidades
“naturales” sino producto de procesos históricos,
sociales, culturales.
Las
discusiones científicas sobre estos conocimientos no fueron siempre pacíficas,
la publicación por Iván Illich en l975 de “Nemesis Médica” provocó
grandes debates. La primer frase de la Introducción
abre la polémica: “La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave
amenaza para la salud” (Illich, 1987: 9). El título
del libro implica una posición frente a la Medicina, ya que hace referencia, al castigo al ser humano que se arrogaba los atributos
correspondientes a los dioses. La “epidemia de iatrogenia médica”, (Illich,
1987: 11) relatada en el libro, castigo frente al poder ilimitado y
descontrolado de la medicina, obligaba, según Illich, a un replanteo de la práctica
médica para poder mantenerla dentro de “límites saludables” (Illich,1987:
50).
El
posible efecto nocivo de los medicamentos no es un descubrimiento reciente, ya
en 1224, el Emperador Federico II del Sacro-imperio románico-germánico
obligaba a inspeccionar los medicamentos elaborados por los boticarios. Las
investigagiones más sistemáticas sobre las reacciones adversas de los
medicamentos comienzan en 1880. En 1961 se comprobó que 4 mil casos de
focomelia eran causados por un hipnosedante, la talidomina. A pesar de la
gravedad y la contundencia de la iatrogenia de algunos medicamentos, la
farmacoepidemiología está aún hoy en pañales (Barros,1992).
Illich
no sólo describe la iatrogenia médica sino también la invasión de la Medicina
en la vida cotidiana, la “medicalización”. La dependencia y el consumo
progresiva hacia los bienes y servicios médico-asistenciales es denunciada con
crudeza en el libro.
En
una serie de conferencias, Michel Foucault luego de hacer una historia de la
apropiación del cuerpo y de la conducta de las personas, por parte de la Medicina, al opinar frente a este debate, va a afirmar que es el control
social el objetivo de la medicalización.
Vicente
Navarro discute también con Illich marcando que la medicalización no es la
consecuencia de la burocratización de la medicina sino que es un síntoma del
sistema capitalista, consecuencia lógica de las características de la producción
y del consumo de ese mismo sistema.
José
Augusto C. Barros rescata los
aportes de Illich, en lo referente a
la dependencia creciente hacia la medicina para
solucionar problemas
convertidos en “problemas de salud”, aunque en su origen sean extramédicos.
Ejemplifica con la angustia o la ansiedad -producto a veces de la modalidad de
las relaciones interpersonales en la sociedad capitalista: discriminación,
competitividad- medicalizadas y tratadas con psicotrópicos. Los ritmos de
producción generan stress, se “curan” con psicotrópicos;
no se cuestiona, ni se interviene en la relación causal Capital-Trabajo.
Son, en este sentido, válidas las afirmaciones de Foucault, el control
social es el objetivo de la medicalización.
La
particular relación entre Medicina y Sociedad, en la sociedad capitalista ha
llevado a caracterizar como “complejo médico industrial” a la extensa red
de corporaciones privadas comprometidas en el negocio de la oferta médica con
una finalidad lucrativa (Relman,1981: 41).
En
nuestro país en el campo farmacéutico, los psicotrópicos ocupan un lugar
relevante. En una tabla -acorde al ranking por valor de ventas entre 50
productos lideres-, el Lexotanil ocupa el primer lugar en 1983. En el año 1988,
el total de ventas de tranquilizantes sumó aproximadamente 45 millones de dólares,
entre ellos el Lexotanil de Roche con un 40%, seguido del Trapax del laboratorio
Wyeth, con un 10% (Katz, Groisman,
1988).
Diversas
son las modalidades por las cuales el “complejo médico-farmacológico-industrial”
invade nuestra vida cotidiana.
La
inducción al consumo de medicamentos puede describirse a través del propio
relato de Bernard Sumner, integrante del grupo de rock Electronic, contratado
por la producción de un
programa de televisión que publicitaba el antidepresivo Prozac. La propuesta
era ver el efecto sobre la creatividad del publicitado antidepresivo. Sumner
escribió todas las letras de un nuevo disco bajo los efectos del Prozac. “Mi
vida es ahora absolutamente fantástica ...soy una persona realmente feliz”...
devenido fanático del Prozac confiesa: “es una droga muy limpia....lo único
que hace es remover quirúrgicamente toda mala onda... enfrentás cada día de
la mejor manera”... “Todo el
mundo debería tomar Prozac”( Pág 12, 2/11/95).
El
año pasado se publicitaba también el “síndrome de pánico” y la
cura mágica, el Prozac. Especialistas consultados describían todos los síntomas
del “síndrome de pánico” en revistas de circulación masiva.
La campaña continuó, el diario “La Nación” (28/2/96) describe la historia clínica de un paciente acongojado
que padece el súbito ataque de pánico. Por supuesto, la congoja no es
interrogada. A la consulta llegaban angustiadas especialmente mujeres ya
inducidas y convencidas de estar afectadas por ese padecimiento y reclamando ser
prontamente medicalizadas.
La
industria farmacéutica parece poder resolver todos los problemas con las mágicas
pastillitas: “La solución de los chicos que se hacen pis puede ser una
pastilla” titular de una nota en Página 12. (5/6/96).
La
industria farmacéutica parece estar ajena a la desindustrialización que afecta
a nuestro país desde 1976. Durante la convertibilidad las ventas se
incrementaron en un 44%, pasando de 1.508 millones
de dólares a 2.170 millones en 1993 (Basualdo,s/f).
Los
tranquilizantes siguen su camino ascendente. En 1980 ocupaban el 7o. lugar entre
los 10 medicamentos más vendidos en 1993 pasan al 5o. lugar (Bogo, 1994).
Lo
preocupante es que cada vez más la publicidad se dirige hacia los niños.
Juguetes, bebidas, alimentos, dulces, ropa, y ahora medicamentos. Será que la
industria ha calculado que estos sujetos en formación pueden ser fácilmente
moldeables a los imperativos del consumo? La garantía del éxito industrial será
el sello de la adictividad marcado
desde la infancia?
Quizás
convenga analizar una situación en particular: la hiperactividad.
Peter
Conrad y Joseph W. Schneider a través del síndrome hiperactivo demuestran como
se va construyendo en un momento histórico particular una entidad médica, en
este caso, una desviación conductual y luego la forma en que la Medicina
se ocupará de la terapéutica. Los autores afirman que en EEUU se supone que
un 3% al 10% de la población escolar primaria padece el síndrome hiperactivo.
Relatan una serie de procesos que se fueron jalonando para la construcción de
esta nueva entidad clínica.
En
1937 Charles Bradley observa que las anfetaminas, drogas en ese momento recién
descubiertas tienen un efecto espectacular modificando la conducta de los
niños con dificultades de aprendizaje.
A.A.Strauss
y sus asociados describen determinadas conductas entre las cuales se encuentran
conductas hiperkinéticas en niños postencefalíticos que padecen lo que
denominan lesión cerebral mínima. Por primera vez, una serie de conductas,
semejantes a las descriptas por Bradley eran asociadas a una lesión cerebral,
es decir se les daba una connotación orgánica.
En
el año 1957, Maurice Laufer medica con estimulantes a una serie de niños que
presentaban las siguientes características: excesiva actividad motora, falta de
atención en la escuela, agresividad.
Maurice
W. Laufer y sus asociados son quienes realizan una asociación entre los aportes
de Bradley y de Strauss señalando una similitud entre las características
conductuales de ambas observaciones y engloban estas conductas bajo la
denominación: “desorden impulsivo
hiperkinético”. Presentan así mismo un caso con una etiología orgánica
del desorden.
El
Servicio de Salud Pública y la Asociación Nacional
de Niños y Adultos Discapacitados de EEUU auspician un estudio destinado a
clarificar la ambigüedad terminológica en relación a los desordenes de
conducta y dificultades en el aprendizaje. El informe concluye designando como disfunción
cerebral mínima una serie de diagnósticos
que incluyen hiperkinesia y otros desordenes.
A
mediados de la década del 50, aparece una nueva droga, el metilfenidato
(Ritalina) y se convierte en el
medicamento ideal para tratar a los niños con desordenes de conducta. En 1961 la Asociación Federal
de Drogas aprueba el uso en niños.
La
hiperkinesia se convierte en el problema más común en los niños.
Conrad
y Schneider muestran como esta serie de conductas: hiperactividad, falta de
atención, agresividad son conceptualizadas como desviación, y por ende
consideradas anormales, situación que obliga a su encauzamiento. La Medicina
no sólo va a construir esa desviación sino que así mismo deberá encargarse
de normalizar esa atipicidad y para ese fin la farmacología será el arma
incuestionable. La etiología orgánica convierte en científicamente
indiscutible el tratamiento médico-farmacológico. En EEUU ya se medicaba, en 1970, a
cerca de 400.000 niños. Ritalina produjo ese año 13 millones de dólares.
Esta droga representaba para CIBA un 15% de sus ganancias brutas globales.
La
hiperactividad, según conciben Conrad y Schneider puede haber existido antes
que se la catalogara como tal. Es posible que al niño hiperkinético se lo
calificara como un niño malo y fuera rechazado en la escuela. O quizás el
sistema escolar más represivo inhibía las conductas
hiperactivas.
En
EEUU la Asociación
de Niños con Dificultades de Aprendizaje creada por padres y profesionales en
1960 y la Asociación Nacional
de Salud Mental divulgan en el medio social y escolar esta nueva enfermedad y
su terapéutica. Padres, maestros, profesores serán los nuevos diagnosticadores
de esta nueva patología, los médicos se encargaran de la prescripción del
medicamento.
Una
seguidilla de estudios sobre adicciones en los niños, estudios de casos que
demuestran la inexistencia de la etiología orgánica,
se contraponen con otros estudios e investigaciones que justifican la
etiología orgánica y por ende la medicalización.
La Psicología
cognitiva norteamericana y la neurofisiología convergen
actualmente para postular una falla en la transmisión neuronal debida a una
alteración química a la que hacen responsable de las fallas en la atención.
El síndrome de hiperactividad pasa a ser denominado desordenes
por dispersión de la atención ADD o ADHD e invade el mercado. El consumo
de Ritalina se triplica entre 1990 y 1994.
En
nuestro medio, una serie de publicaciones a comienzos del ciclo escolar dan
cuenta de esta falla de la atención y de su tratamiento. Neurólogos, psicólogos,
pediatras, psicopedagogos son entrevistados. Si bien algunas de estas
publicaciones muestran los problemas de adicción que crea en los niños el
consumo de Ritalina y los poderosos beneficios económicos que logra la
industria farmacéutica no se deja de imponer a la vez una entidad clínica : ADD
y su solución universal Ritalina.
En
nuestro país en la década del 60-70, la hiperactividad, la disfunción
cerebral mínima eran bien conocidas, el auge del psicoanálisis en ese
tiempo impidió su medicalización. El supuesto era que la inquietud motora del
niño reflejaba una problemática personal-familiar; su falta de atención en la
escuela era atribuida, no a un desorden orgánico sino a que su atención estaba
absorbida por su conflicto emocional.
Hoy
día, la mágica solución médica quizás represente un alivio para padres y
maestros. Si el problema es orgánico la responsabilidad personal queda diluida,
la conducta del niño ya no es más un emergente de un conflicto o de una
situación familiar, escolar o social.
NOTA:
Publicado en Sorokin, P. (comp.) (1997): Drogas. Mejor hablar de ciertas
cosas. Depto de Publicaciones de la Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales.UBA
BIBLIOGRAFIA
Barros,
José Augusto C. : “Hay que preocuparse por los efectos indeseables de los fármacos?”
Rev. Cuadernos Médicos Sociales (Rosario) No 62 .Diciembre 1992.
Basualdo,
Eduardo : “Las ventas de medicamentos durante la convertibilidad”.Boletín
de Investigación. Secretaría de Prensa de AAPM-RA.
Bogo,Jorge
: “Algunas características del mercado argentino de productos farmacéuticos”.
1994.
Conrad,
Peter and Schneider, Joseph W. : “Children and Medicalization”. Deviance
and Medicalization. From Badness to Sickness. Merrill Publishing Company. Ohio.
USA . 1985.
Foucault,
Michel : “Historia de la Medicalización”. Medicina e Historia .El Pensamiento de
Michel Foucault. OPS
.1978.
Illich,
Iván : Nemesis Médica. Joaquín
Mortiz/Planeta. México. 1984.
Katz,
Jorge y Groisman, Silvio : “La industria farmacéutica en Argentina. Período
1983/88”. Rev. Cuadernos Médico Sociales (Rosario). No 46. Diciembre
1988.
Relman,
Arnold : “El Complejo Médico Industrial”. Rev. Cuadernos Médico
Sociales. ( Rosario) No 18. Octubre 1981
La
Nación.28/2/96.
Página
12. 2/11/95.
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